Espacios censurados y censura de palabras hacia nosotras las
mujeres ha habido desde hace mucho tiempo. Escritoras como las hermanas Brontë,
Josefina Vicens, Amantine Dupin, Louisa May Alcott y algunas otras, se vieron
en la necesidad de publicar sus obras bajo seudónimos masculinos con la finalidad
de que los lectores se interesaran en su trabajo y así, pudieran ser leídas. La
visibilidad femenina era nula en la literatura como en otras áreas y disciplinas
artísticas, técnicas y en la ciencia y honestamente, ningún hombre iba hacer nada
por visibilizarnos en ninguna área.
Por fortuna, cuando las mujeres trabajamos en manada lo hacemos
para nosotras mismas. Creamos espacios, abrimos micrófonos, nos acompañamos, nos
acuerpamos y creemos en nuestras propuestas artísticas.
Tal es el caso de la FENALEM una feria que surge de la necesidad
de visibilizar nuestros productos intelectuales. FENALEM es un evento que reúne
a mujeres mexicanas rebeldes, mujeres que retamos al sistema y que entre más
nos dicen “no pueden” más lo hacemos.
Cuando Taibo II declaró: “si partimos de la cuota, un
poemario escrito por una mujer horriblemente asqueroso de malo no merece que se
lo mandemos a una sala comunitaria… ¿por qué castigarlos con ese libro?” … me pregunto: ¿Por qué no habla así de
su patético personaje Belascoarán Shayne donde la crítica patriarcal lo tacha
de astuto y capaz de resolver casos complejos pero que con gafas violetas no es
más que un macho, igual a su creador?
En el caso de las mujeres escritoras, existen personajes
entrañables y perfectamente construidos, tales como Clarissa Dalloway de
Virgina Wolf, Elisabeth Bennet de Jane Austen, Mariana de Elena Garro,
Celia de Guadalupe Vera, Jane Eyre de Charlotte Brontë, Matilda
de Cristina Rivera Garza, en fin, tantos personajes femeninos excelsos y cuya característica
compartida es que las mujeres lectoras nos encontramos en ellas, nos
identificamos, nos reflejamos.
FENALEM convoca cada año a escritoras mexicanas y a sus diversificados
personajes, convoca a mujeres poetas y a sus rimas de protesta, convoca a mujeres
ensayistas y sus prosas llenas de hartazgo y denuncia sobre el patriarcado pero
también de propuestas para salir de él.
FENALEM es una fiesta, un momento de alta sociabilidad y alegría;
sin embargo, detrás de esta feria está todo el trabajo de creación literaria de
cada mujer que, a menudo, se hace en soledad. La creación literaria exige
individualidad, aislamiento porque está implícita la introspección, la
reflexión o incluso la investigación que se necesita para lograr cada párrafo,
cada verso, cada historia. Se encuentra también la inversión económica que
realizamos para publicar nuestras obras, ya que la mayoría de nosotras trabajamos
con editoriales independientes, ni siquiera podemos pensar en un subsidio o patrocinio
y a eso hay que sumarle la posibilidad de viajar al Estado donde se realice
dicha feria.
No puedo dejar de lado la organización que realiza el comité
de FENALEM para recibir cada año a más de cien escritoras entre moderadoras y
ponentes, ya que claro, entre nosotras mismas nos presentamos, nos echamos
porras, nos tranquilizamos, nos impulsamos.
Un hombre jamás iba a visibilizar el trabajo intelectual de
las mujeres, ni siquiera el izquierdista Taibo II a quién le pregunto: Lo
intelectual no quita lo misógino, ¿no? Que, dicho sea de paso, sus eventos
culturales son cubiertos por un 85% de hombres, sus amigos, supongo y el resto,
de mujeres, para cumplir la cuota, diría este señor.
Ahora, la literatura femenina se está reivindicando, mujeres
leyendo mujeres, lectoras descubriendo escritoras ¿por qué? Porque las mujeres
necesitamos esa narrativa que nos representa, la que habla de la vulnerabilidad
de nuestros cuerpos, de la brecha salarial, de la opresión social, religiosa,
educativa y laboral que padecemos, de las violencias que sufrimos, de nuestros
sexos vulnerados, de la imposición de la maternidad, de la exigencia de los
roles de género, de la obligación de las tareas de cuidado; necesitamos esa
narrativa que nos define, que nos describe, que nos hace saber que somos mujeres
poderosas, talentosas, inteligentes, brillantes, como siempre lo hemos sido
desde la creación de la humanidad con Lilith, pero que también desde dichos
inicios hemos sido eliminadas de la historia. ¿A qué le temerán aquellos que se
empeñan en ocultar la existencia femenina en los textos religiosos?
La tarea de FENALEM es ardua, en los eventos las risas
cubren los momentos vacíos, los encuentros entre autoras, los abrazos se hacen
presentes para reconfortarnos, pero detrás existe la realidad de que somos
mujeres luchando por ser visibilizadas. Detrás está el dolor o el coraje que
muchas de nosotras utilizamos para escribir, está la rabia por ser ignoradas, está
el esfuerzo por rescatar nuestra historia y reescribir nuestro futuro.
¡Gracias a FENALEM por el espacio, las ganas, el impulso y
sobre todo por creer en las letras de las mujeres mexicanas!

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